31 de Marzo
¡Cuántas almas llegarÃan a la santidad si fuesen bien dirigidas!!!
Cristo nos llamo para que nos salvaramos en racimos…¿Ayudo a la salvación de las almas de los que amo, o de las que no conozco?
¡Cuántas almas llegarÃan a la santidad si fuesen bien dirigidas!!!
Cristo nos llamo para que nos salvaramos en racimos…¿Ayudo a la salvación de las almas de los que amo, o de las que no conozco?
Dios me concedió el consuelo de contemplar de cerca las almas de los niños. Entonces comprendà la desgracia que supone el no formarlas bien desde su mismo despertar, cuando se asemejan a la cera blanca sobre la que se puede dejar grabada la huella de las virtudes, pero también la huella del mal…
¿Busco el tiempo, o la forma de dejar las huellas del amor grabadas en los más pequeños, en nuestros hijos?
Si hablaba de esa manera, no era porque el cielo no atrajera mis deseos, sino porque en aquel entonces mi único cielo era el amor, y sentÃa, como San Pablo, que nada podrÃa apartarme del objeto divino que me habÃa hechizado…
¿Que cosas nos estan hechizando en la vida? ¿Estan llenas de Cristo?
CrecÃa en el amor de Dios. SentÃa en mi corazón unos Ãmpetus que hasta entonces no conocÃa. A veces tenÃa verdaderos transportes de amor. Una noche, no sabiendo cómo decirle a Jesús que lo amaba y cómo deseaba que fuese amado y glorificado en estas partes, pensé con dolor que él nunca podrÃa recibir en el infierno un solo acto de amor; y entonces le dije a Dios que, por agradarlo, aceptarÃa gustosa verme sumergida allÃ, a fin de que fuese amado eternamente en ese lugar…Yo sabÃa bien que eso no podÃa glorificarlo, porque él sólo desea nuestra felicidad. Pero cuando se ama, una siente necesidad de decir mil locuras.
Comparte con tus hermanos una experiencia fuerte con el Señor.
En mi alma habÃa cesado la noche. Jesús despertándose, me habÃa devuelto la alegrÃa, el ruido de las olas se habÃan calmado. En lugar del viento de la prueba, henchÃa mi vela una brisa ligera, y yo creÃa que pronto llegarÃa a la ribera bendita que ya divisaba muy cerca de mi. Y esa ribera estaba muy cerca de mi barquilla; pero aún debÃa levantarse más que una tormenta, que ocultarÃa a su vista el faro luminoso, haciéndolo temer que se habÃa alejado para siempre de la playa tan ardientemente deseada…
Te exorto a que descubras la alegrÃa que Cristo, solo él, es capaz de darte.