26 de Febrero

Supongamos que el hijo de un doctor muy competente encuentra en su camino una piedra que lo hace caer, y que en la caída se rompe un miembro. Su padre acude enseguida, lo levanta con amor y cura sus heridas, valiéndose para ello de todos los recursos de su ciencia; pronto su hijo, completamente curado, le demuestra su gratitud. ¡Qué duda cabe de que el hijo le sobran motivos para amar a su padre!
Pero voy hacer otra suposición. El padre sabiendo que en el caminito que va a recorrer su hijo hay una piedra, se apresura a ir antes que él y la retira (sin que nadie lo vea). Ciertamente que el hijo, objeto de la ternura previsora de su padre, sin desconocer la desgracia de la que su padre lo ha librado, no le manifestara su gratitud y lo amara menos que si lo hubiera curado…Pero si llega a saber el peligro del que acaba de librarse, ¿no lo amará todavía mucho más aún?

…Cuántas veces Jesús ha quitado piedras de nuestro camino… ¿Le has dado las gracias en el día de hoy…?

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