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“La Más Hermosa Muerte de Amor”

Jesús, el Verbo de Dios, Aquel que nos enseñó el camino hacia la casa del Padre, Aquel que fue Camino y Verdad, Aquel que renueva todas las cosas... se hace nuevamente Palabra: Amor.

Palabra que no tiene sonido, que es silencio, porque la muerte selló los labios de este cuerpo herido. Tal vez su única victoria... el silencio. La muerte pudo lograr el silencio... pero no lo pudo hacer callar.

Contemplando a Jesús, varón de dolores, en la cruz no podemos más que decirnos: “¡Cuánto me amaste! ¡Qué precio pagaste por mí! Mi pecado abrió tus manos y tus pies. Mi pecado abrió tu costado y coronó tu cabeza. Mi pecado te dio muerte...”

Pero Jesús nos devuelve, silencioso, el consuelo del Padre y nos dice en su muerte: “Te amo y te sigo amando y muero por amor a vos. Yo doy mi vida, no me la quitan... por tu amor y tu amistad... porque te quiero y no hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Mis manos y mis pies están clavados para quedarme con vos y no seguir mi camino, para esperarte eternamente con los brazos abiertos, como cuando retorna la persona querida después de mucho tiempo de ausencia. Mi costado queda abierto para que puedas entrar en mi corazón lo más fácil posible, sin obstáculos ni barreras que impidan que te ame y que me ames. Mi corona humilde, embebida en sangre, en Mi Sangre, será el signo de mi reinado sobre vos... porque sos mío, porque pagué un precio de rescate muy alto, digno de vos, porque sos muy preciado para Mí. Muero Yo, para que Vos entres en la Vida para siempre”.

Jesús calla... Ahora nos habla la cruz nos habla su cuerpo entregado y su Sangre derramada, nos habla el llanto de su Madre, sobre todo, y el de las mujeres que la acompañaban. Nos habla la mirada de Juan al pie de la cruz. Nos hablan las espinas, los clavos, la lanza... privilegiados instrumentos que pudieron hacer aquello que Tomás no se atrevió.

Y todos nos dicen la misma Palabra: Amor...

Que Dios te bendiga!!
Padre Claudio

 

“Necesito un Dios muy humano que, haciéndose mi hermano sea capaz de sufrir. Tú me entendiste, para ganar mi corazón hombre te hiciste. Y - supremo misterio- toda tu sangre derramaste hasta el fin.”

“La muerte de Jesús en la cruz, a pesar de las angustias, fue la más hermosa muerte de amor. Yo tomo la resolución de estar siempre con el espíritu al pie de la cruz para recibir el rocío divino que de ella gotea, y comprendo que, luego tendré que derramarlo sobre las almas. Sólo el amor es lo que se tendrá en cuenta…”

Santa Teresita

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