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El sol se pone PDF Imprimir E-Mail

Nos llevaría muy lejos el relato de la enfer­medad que condujo a la tumba a Celia. Desde hace más de doce años (CF 13), padece ya de un ganglio en el pecho, que lentamente dege­neró en un cáncer extremadamente doloroso. Consulta y se entera bruscamente de la cruel verdad de su muerte inminente y de la inutili­dad de una intervención quirúrgica.

La familia está consternada. Celia quiere vivir aún unos años para acabar su trabajo educador, sobre todo por Leonia, la hija de sus preocupaciones interminables, a quien, sin embargo, ve hacer grandes progresos. Va en peregrinación a Lourdes con María y Paulina, pero el milagro no se realiza. Con realismo y abandono, la mamá comprende que está invitada a otra parte por otra Mamá.

"¿Qué que­réis? Si la Santísima Virgen no me cura, es que mi tiempo se ha cumplido y que Dios quiere que descanse en otro sitio distinto de la tierra" (CF 217).

Silenciosamente Teresa anota "to­dos los detalles de la enfermedad" (A 12r).

 El 28 de agosto de 1877, Celia se convierte en "nuestra madrecita del cielo" (A 12v). Su hija de la tierra la echará de menos terriblemente.

La misma Teresa señaló más tarde el pro­fundo desgarrón que la desaparición de esta "madre incomparable" (A 4v) dejó en ella, a la edad tan vulnerable de cuatro años y ocho me­ses. La ternura conjunta de su papá y de sus hermanas jamás podrán remediarlo del todo.

En aquel momento, Teresa "no hablaba a nadie de los sentimientos profundos que sen­tía" ante la última despedida y "no recuerdo haber llorado mucho" (A 12v). Pero lo que no se expresa con palabras ni con las lágrimas de los ojos, se expresará en su psicología con las lágrimas interiores. "A partir de la muerte de mamá, mi carácter jovial cambió completa­mente; yo, tan vivaracha y expansiva, me vuelvo tímida y tranquila, excesivamente sen­sible" (A 13r).

La tierra donde Celia y Luis sembraron ten­drá todavía que ser durante mucho tiempo regada por las lágrimas del dolor y por el rocío de la gracia, antes de que la pequeña Martin llegue a ser Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz.


 

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  Comentarios (1)
 1 entregar a Dios lo que es suyo
Escrito por irma, el 08-06-2010 20:03
Cuan difícil e entender el amor, el amor a una madre y el amor a Dios. Simplemente se siente.No es posible explicar de donde se sacan fuerzas o voluntad para desear que el sufrimiento de la madre termine aunque ello implique su muerte.Creo que en éste camino Dios a través de su Espìritu ns acariciaba mientras entregábamos el más precioso regalo: nuestra madre. Madre de Dios consuélanos en esta ausencia.Y tu Teresita que la conocite recíbela y cúbrela con tus pétalos de amor.
 
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