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Capitulo II: Rasgos fundamentales de la espiritualidad de Santa Teresita de Lisieux PDF Imprimir E-Mail
Teresita de Lisieux ha vivido en las manos del Espíritu durante toda su vida. Al leer su biografía, impresiona que en apenas veinticuatro años que vivió, halla alcanzado la madurez de la infancia espiritual. Escribir todos los rasgos de su vida espiritual sería una labor imposible de realizar en tan poco espacio, por ello se resaltarán algunos de estos rasgos que se consideran fundamentales para comprender a cabalidad la espiritualidad de Teresita.

La primacía de la Palabra de Dios

Teresa en sus escritos múltiples veces cita la Biblia. Hay que tener claro que ella no era una teóloga de su época; si así hubiera sido, probablemente se hubiera visto ahogada la espontaneidad existente en su espiritualidad. La fuente bibliográfica primordial de su obra son las Sagradas Escrituras, las cuales aunque no se encuentren explícitamente citadas en muchas ocasiones, se descubre la línea de influencia sobre los escritos teresianos.

Schiettecatte ha afirmado en un artículo que existe una profunda armonía entre Teresa de Lisieux y el Evangelio de Juan. La figura del discípulo amado es asumida por Teresa, quien se hace discípula amada. Así lo muestra en su poesía Jesús, Amado mío, acuérdate, escrita el 21 de octubre de 1895:

"Acuérdate de que, en un trance santo
de divina embriaguez, tu apóstol virgen
descansó su cabeza sobre tu corazón.

¡Señor, en su descanso
conoció tu ternura, comprendió sus secretos!

No me siento celosa del discípulo amado,
también yo tus secretos conozco, soy tu esposa.
Duermo sobre tu pecho,
divino Salvador,
¡él es mío! "

También encontramos en la misma poesía la expresión de su deseo de ser una experta en los Evangelios, pero no instruida por otra persona diferente al Señor:

"En las cosas del cielo, Señor, hazme una experta,
muéstrame los secretos que tu Evangelio esconde.

Haz que este libro de oro
sea mi gran riqueza,
¡acuérdate!"

En la mayoría de sus poesías utiliza referencias a diversas imágenes evangélicas como lo son personajes de las parábolas, de los evangelios o símbolos que refieran situaciones específicas, como éstos que se encuentran entre muchos otros en la poesía Vivir de Amor:

"Vivir de amor
no es en la cima del Tabor su tienda
plantar el peregrino de la vida.

Es subir al Calvario
a zaga de las huellas de Jesús,
y valorar la cruz como un tesoro..."

De igual manera, en sus diversos escritos se puede ver cómo están permeados de las Escrituras. Allí ella encuentra la fuente de su vida, del encuentro con el Señor Jesús, su gran amado.

La infancia espiritual

El tema de la infancia espiritual es tal vez el tema central en Santa Teresa de Lisieux. En su vida podemos ver cómo la madurez espiritual se va alcanzando al acercarse a la infancia espiritual.

Esta actitud consiste en el abandono de su vida en manos del Padre, colocando toda su confianza en Él. Ya desde muy niña, Teresita fue viendo cómo en su vida encontraba la felicidad al hacer no su voluntad, sino la del creador. Este descubrimiento es ya un paso muy grande para tan pequeña criatura, pero no se queda allí sino que lo lleva a la práctica en su vida, tanto que a la edad de 14 años se acepta la voluntad de Dios y se ofrece para que haga de ella lo que quiera, lo que le expresa a su hermana en una carta: "Pero, Paulina, yo soy la pelotita del Niño Jesús; si él quiere romper su juguete, es muy dueño de hacerlo. Sí, acepto todo lo que él quiera." No es despreciable aquí la expresión de pelotita del Niño Jesús, ya que es un símil con el cual expresará su ser niña, pero a la vez su profundidad de espíritu.

En esta etapa de la adolescencia también se encuentra otra característica que es clave para la infancia espiritual de Teresa, es el sentido de pobreza tanto material como espiritual, los cuales se complementan en el sentir de esta niña. Al regalarle un corderito que muere el mismo día, ya preanuncia lo que luego se concretará en su voto de pobreza en el Carmelo: "No, no hay que apegarse a nada en la tierra, ni siquiera a las cosas más inocentes, pues nos faltan en el momento que menos se piensa. Sólo lo que es eterno puede llenarnos". Ya la niña ve la relatividad de todo en comparación a Aquel que es el Todo.

Hay una característica de la personalidad de Teresa que es clave en su vida para lograr hacer la voluntad de Dios: la terquedad y cierto orgullo. Así lo muestra en Historia de un Alma, cuando narra sobre su infancia: "Como tenía amor propio y también amor al bien, en cuanto empecé a pensar seriamente (y lo hice desde muy pequeña), bastaba que me dijeran que algo no estaba bien para que se me quitasen las ganas de hacérmelo repetir dos veces..."

La terquedad va acompañada por el sentido de lucha que posee la joven Teresa para lograr la voluntad divina: "No nos queda, pues, más que luchar. Cuando no tenemos fuerzas para ello, Jesús combate por nosotras... Pongamos juntas el hacha a la raíz del árbol..."

Así, cuando descubre que el Señor la llama desde muy joven para entrar en el Carmelo, busca todas las formas para lograr su vocación, lo que no le es nada fácil y encuentra desde ese momento grandes sufrimientos. Pero ella, fiel a la tradición religiosa de la época, se ofrece como víctima para sufrir y así asemejarse a Jesucristo:

"Sólo deseo una cosa para cuando esté en el Carmelo: sufrir siempre por Jesús. La vida pasa tan deprisa que, realmente, vale más lograr una corona muy bella con un poco de dolor, que una ordinaria sin dolor. ¡Cuándo pienso que por un solo sufrimiento soportado con alegría se amará mejor a [2vº] Dios durante toda la eternidad! Además, con el sufrimiento podemos salvar almas. Paulina, ¡qué feliz me sentiría si en el momento de la muerte pudiese yo tener un alma que ofrecer a Jesús! Habría un alma arrancada al fuego del infierno que bendeciría a Dios por toda la eternidad."

Es parte esencial de la infancia espiritual sentirse pequeño, de manera tal que no podamos nada sin aquél que los es todo. Esto también lo sintió Teresa: "Pide que tu hijita sea siempre un granito de arena muy oscuro, muy escondido a los ojos de todos, que sólo Jesús pueda erlo. Que se haga cada vez más pequeño, que se vea reducido a nada..."

En los escritos de Teresa podemos descubrir cómo, a pesar de haber perdido a su madre en su temprana niñez, ha sentido por medio de sus familiares más cercanos el amor de Dios. En especial el amor de su padre, a quien llama cariñosamente su rey. Allí es donde Teresa percibe la concreción del amor de Dios, el cual busca transmitir a todos los que la rodean, como fue el conocido caso de la hermana San Pedro cuando Teresa era novicia, brindándole toda clase de atenciones a aquella que nadie atendía. Su deseo de permanecer escondida es clave en este amor al prójimo.

Por último en esta enumeración de características resaltantes de la infancia espiritual, aunque tal vez sea la más importante, encontramos el deseo de santidad. Teresa desea ser santa, no por temor, sino como respuesta al amor de Aquel que la sobrepasa: "¡Sí, Paulina, quiero ser siempre un GRANITO de arena...! (…) Quisiera decirte muchas cosas a propósito del granito de arena, pero no tengo tiempo... (Quiero ser santa...)"

El dinamismo misionero

Santa Teresa de Lisieux es la patrona universal de las misiones. Esta mujer que como religiosa no salió del Carmelo, ha sido proclamada patrona de las misiones. La preocupación de Teresa por las misiones fue palpable desde muy pequeña, cuando ya ofrecía sacrificios por la salvación de los pecadores. También utilizaba el signo de la cruz al estilo de los misioneros, de manera que se identificaba con la tarea de aquellos hombres y mujeres que daban su vida por Cristo: "Me gustaba mucho ir con las religiosas a todos los oficios. Llamaba la atención entre mis compañeras por un gran crucifijo que me había regalado Leonia y que llevaba puesto en el cinturón como los misioneros. Aquel crucifijo despertaba la envidia de las religiosas, que pensaban que, al llevarlo, yo quería imitar a mi hermana la carmelita...".

En los documentos del proceso, se consiguen numerosos testimonios sobre el deseo ardiente de Teresa de ser evangelizadora, de amor por la conversión de los pecadores. Esta misión que Teresa hubiera querido vivir en lejanas tierras, la vive desde la caridad interior, en primer lugar con el trato hacia sus hermanas de comunidad, luego con los sacrificios por la conversión de los pecadores, y como más importante, con la oración de intercesión tanto por los misioneros como por aquellos a quienes se iba de misión. No es despreciable la narración que ella misma hace sobre el impacto de la condena a muerte de Pranzini, en favor de quien ofreció muchas oraciones para su conversión, y al momento de morir, en un gesto de amor al Salvador, besó un crucifijo: A partir de esta gracia sin igual, mi deseo de salvar almas fue creciendo de día en día. Me parecía oír a Jesús decirme como a la Samaritana: «¡Dame de beber!» "

La vocación de misionera de Teresa es reconocida por otras personas. Esta muchacha seguramente afirmaba con sus gestos de vida el deseo de ir a tierras lejanas, no sin el dolor que representaba para ella alejarse de su querido Carmelo, pero con el gozo de servir al Señor. Sin embargo no era la voluntad de Dios que fuera allí, tal y como ella misma lo escribe: "Usted también me dijo que yo tenía esa vocación, y que el único obstáculo para ello era mi salud. Sé que, si Dios me llamara a tierras lejanas, ese obstáculo desaparecería. Por eso, vivo sin la menor inquietud."

Al no poder salir del Carmelo, mantuvo comunicación por carta con al menos un par de misioneros: el P. Roulland y el abate Bellière, a quien anima constantemente a ser fiel misionero.

Por petición de su superiora había asumido la oración por el P. Roulland, lo que hacía de muy buen agrado, llegándole a llamar cariñosamente hermano en el apostolado. Teresa se une con su oración a la misión de este joven sacerdote: "He colocado el mapa de Su-Tchuen en la pared del lugar donde trabajo, y la estampa que me regaló descansa siempre sobre mi corazón en el libro de los evangelios que nunca me abandona." El cariño de Teresa hacia este misionero le hace identificarse con él plenamente, tanto que será aquél sacerdote que ella no puede ser.

Santa Teresa de Lisieux es la patrona universal de las misiones. Esta mujer que como religiosa no salió del Carmelo, ha sido proclamada patrona de las misiones. La preocupación de Teresa por las misiones fue palpable desde muy pequeña, cuando ya ofrecía sacrificios por la salvación de los pecadores. También utilizaba el signo de la cruz al estilo de los misioneros, de manera que se identificaba con la tarea de aquellos hombres y mujeres que daban su vida por Cristo: "

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  Comentarios (1)
 1 Vida oculta en Dios.
Escrito por Silvia, el 12-08-2009 22:56
La espiritualidad de Teresita, está en sintonía con la voluntad de Dios, de ahí su amor al Evangelio, su deseo de evangelizar, salvar almas, procurando su conversión; una caridad interior y exterior, propio de quien como un granito, vive su vida oculta en Dios; pequeña, muriendo así misma, y floreciendo como delicada flor que esparce su delicada fragancia, atrayendo con su suave perfume de santidad a tantas almas deseosas de perfección evangélica.
 
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