Junio 2014 - Orando por La Paz.

 

 

Hola Viviana:

 

Esta semana nuestro Papa Francisco nos pidió rezar por la Paz y nos dio ejemplos concretos de hacer posible esta manera de vivir… pero ¿Qué puede Santa Teresita enseñarnos al respecto?…

Vivimos en un mundo en el que se consumen toneladas de tranquilizantes. Y a pesar de los tranquilizantes, millones de seres humanos sufren de ansiedad, estrés, insomnio. Vale la pena, por tanto, interrogar a Teresa de Lisieux para preguntarle cómo podemos tener paz igual que ella.

Es obvio que la verdadera paz, aunque provenga de la relación espiritual con Dios, se hace sentir en el cuerpo. Esto significa que la paz no sólo se vive como ausencia de angustia e inquietud, sino también como serenidad que distensiona los músculos y llena el ánimo de calma. Y una paz semejante es posible aun en medio del sufrimiento, la enfermedad, las tensiones e incomprensiones.

 

¿Cómo podemos lograr esa paz profunda que repercute en nuestra dimensión corporal?. Sta. Teresita, con su ejemplo, nos sugiere varios pasos concretos.

 

*Tengamos la paz como objetivo, es decir, que cada día y a todas horas busquemos como meta la serenidad. Es como el automovilista que antes de arrancar su coche establece el sitio a dónde quiere ir. Si no sabemos a dónde queremos llegar emocionalmente, nos convertimos en títeres que las circunstancias y los demás manejan a su antojo.

Cuando apenas Teresita tiene 17 años de edad, coloca la paz en el horizonte de su existencia. Y la mantiene siempre a la vista para buscarla como uno de sus objetivos más importantes. En la carta que a esa edad le escribe a Jesús el día de su profesión, escribe: «Que las cosas de la tierra jamás logren turbar mi alma, que nada turbe mi paz, Jesús, no te pido nada excepto paz y también amor, amor infinito...»

 

*Lancémonos a la acción para conquistar La Paz con la ayuda de Dios.

Una primera acción para abrirnos activamente al don de la paz es la voluntad firme de cumplir nuestras responsabilidades, en especial, las que se refieren a nuestra fe cristiana. Una vez que Teresa explica sus convicciones y esfuerzos por vivir el amor fraterno, le confiesa a la M. María de Gonzaga: «mi Madre querida, yo estoy muy lejos de practicar lo que entiendo y, sin embargo, el solo deseo que tengo de hacerlo me da la paz».

 

Además de las anteriores, hay otra acción que, según Teresita, nos ayuda a tener paz: la fe y confianza en el Dios cercano y poderoso que no cesa de amarnos. Esa fe y confianza en Dios se afirman en el corazón cuando descubrimos nuestro propósito en la vida. Este se torna claro cuando encontramos una respuesta convincente a la pregunta: «¿para qué vivo?»

Teresa cuenta que, después de buscar lugar y función en la tierra, descubre que en el corazón de la Iglesia su «vocación es el amor». Este descubrimiento la llena de alegría, se trata más bien de la paz tranquila y serena del navegante que percibe el faro que le conduce al puerto» (C 3v).

Enseguida se dirige a Jesús a quien llama «Faro luminoso del amor». Es decir, en él encuentra Teresa la fuente de su paz tranquila y serena. (Diccionario de Santa Teresita de Lisieux)

 

 

Después de las enseñanzas de Teresita, unámonos en esta Novena, muy especialmente por la Paz. Paz entre los pueblos, entre religiones, entre hermanos…Paz en las almas para que puedas brillar con luz propias la presencia de Dios en medio de dónde nos toque vivir.

 

Que la dulce mirada de Teresita derrame su abundante lluvia de rosas sobre tu vida. Amén.

 

Viviana y Pablo.

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